Escritura Diaria, 29 de Junio de 2026

La estación del verano ha comenzado y mientras las horas de sol disminuyen cada día, celebramos a dos grandes soles de la Iglesia, los santos Pedro y Pablo.

Reflexión

Solemnidad de san Pedro y san Pablo, Apóstoles

La estación del verano ha comenzado y mientras las horas de sol disminuyen cada día, celebramos a dos grandes soles de la Iglesia, los santos Pedro y Pablo. Son dos hombres comunes y corrientes, uno pescador y el otro fariseo y fabricante de tiendas. Son dos hombres ordinarios que reconocieron que Dios los había llamado a ser algo más grande de lo que ellos mismos pensaban. Dos hombres comunes y corrientes que tuvieron el valor de proclamar las verdades que les había revelado Jesucristo. Soportaron el sufrimiento, consecuencia de palabras y acciones apostólicas y, sin embargo, continuaron creyendo en la verdad que ardía en sus corazones.

La primera lectura se centra en el cautiverio de San Pedro y su liberación por uno de los ángeles de Dios. Pedro es obediente a las instrucciones del ángel; lo conduce por la puerta de la prisión que es fuertemente custodiada. Pedro, el fiel pescador, se había convertido en un fiel seguidor de Cristo y líder de la Iglesia. Abrazó su misión y sintió la presencia de Dios apoyándolo cuando necesitaba ayuda. Hay un atisbo de su intensa fe cuando hace la declaración en el evangelio de Mateo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Nótese que en la primera lectura, después de que Pedro fue encarcelado, se dice: “la comunidad no cesaba de orar a Dios por él.” No habla de las oraciones de Pedro pidiendo por si mismo. Dice: “la Iglesia” oró. ¡Dios respondió a la oración de la Iglesia! Esto nos recuerda cuán poderosas que son nuestras oraciones como Iglesia. Las oraciones de la iglesia transmitían los pensamientos y sentimientos desde sus corazones ya que muchas de las oraciones que recitamos hoy no existían.

Las oraciones formales son honestas y verdaderas así como las oraciones que provienen del silencio de nuestros corazones son honestas y verdaderas ya que ese es el lugar donde Dios nos escucha y nosotros escuchamos a Dios.

Las respuestas de los santos Pedro y Pablo en las lecturas de hoy son posibles porque conocieron a Dios desde lo más profundo de sus corazones. Las oraciones que vienen de dentro de nuestros corazones son escuchadas por Dios, dándonos fuerza cuando nos sentimos débiles y dándonos luz cuando conocemos la oscuridad. La línea del Salmo 46:11, “Ríndanse y reconozcan que yo soy Dios” expresa una actitud apropiada de corazón cada vez que oramos. Tómate un tiempo hoy y siéntate en silencio ofreciendo tu oración a Dios.

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