
Reflection
Hoy fue un día significativo para los nazarenos. Jesús, uno de los suyos, ha estado predicando y haciendo milagros alrededor de Galilea, y ahora enseñará en su sinagoga. ¿Qué diría? ¿Haría algún milagro? Mientras escuchaban su mensaje, rápidamente cambió el estado de ánimo, pasando de la emoción al escepticismo e incluso a la ira. “¿De dónde ha sacado éste esa sabiduría y esos poderes milagrosos?”
La gente de Nazaret luchaba por reconciliar los humildes orígenes de Jesús con su sabiduría y sus extraordinarias habilidades. No había nada singular en su familia. José, María y Jesús habían vivido en el pueblo durante muchos años. Los vecinos habrían sabido si Jesús hubiera estudiado con un rabino. No podían entender ni aceptar cómo enseñaba en la sinagoga con tal conocimiento y autoridad.

¿Cuántas veces he sido culpable de dejar que mis ideas preconcebidas y prejuicios influyeran en mi aceptación de los demás? ¿Con qué frecuencia no reconozco el potencial de aquellos que creo conocer bien?
“Y no hizo muchos milagros allí por la incredulidad de ellos.” El escepticismo y la familiaridad de los nazarenos con la vida de Jesús les impidieron experimentar plenamente su naturaleza divina y los milagros que realizó. Para mí, la lección más importante de la lectura de hoy es que nuestra fe crecerá si somos humildes y nos dejamos enseñar. Debemos aceptar que la obra de Dios puede surgir de los lugares o individuos más inesperados. A medida que crecemos en humildad, abriremos nuestros corazones a la guía de Dios y confiaremos con convicción en su plan para cada uno de nosotros.





