Escritura Diaria, 3 de Agosto de 2026

El evangelio de hoy revela realidades profundas. Podríamos centrarnos en las señales milagrosas —Jesús caminando sobre el agua e invitando a Pedro a hacer lo mismo—, pero hoy prestemos más atención a la dinámica que este episodio revela.

Reflexión

El evangelio de hoy revela realidades profundas. Podríamos centrarnos en las señales milagrosas —Jesús caminando sobre el agua e invitando a Pedro a hacer lo mismo—, pero hoy prestemos más atención a la dinámica que este episodio revela.

Debajo de la dramática historia que tenemos ante nosotros se encuentran muchas dinámicas significativas que también están presentes en nuestros ministerios y en nuestras vocaciones. Ya sea que vivamos los dones de Dios en el matrimonio, o una vida soltera dedicada, o en las ocupaciones de servicios sociales, y/o la vida religiosa o clerical, todos experimentamos estas dinámicas.

  • Como los primeros discípulos, a menudo somos enviados por delante de Jesús. A veces esto es para ser misionero en el sentido de que presentaremos a Jesús a los demás con nuestras palabras y nuestro ejemplo de vida. En otras ocasiones, puede significar que somos sus embajadores para aquellos que ya están en relación con Jesús.
  • El miedo y la duda pueden impedirnos reconocer a Jesús y la gracia que nos ofrece. Por otra parte, una relación confiada con Jesús y nuestra escucha de él en la oración inspirará fe y confianza. Las palabras de Jesús, “Tranquilícense y no teman. Soy yo.” describen esta dinámica y nos desafían.
  • A menudo hay momentos estresantes y desafiantes no intencionados y ciertamente no deseados que a veces interrumpen nuestro ministerio o invaden nuestro entorno mientras trabajamos. Estos momentos nos alertan sobre la verdad de que no debemos esperar que nuestro ministerio (o incluso nuestras vidas) tenga lugar siempre en situaciones estables o tranquilas.
  • El evangelio de hoy comienza y termina con Jesús trabajando entre las multitudes. Tan a menudo el mundo, o aquellos que nos necesitan, llenan las horas de nuestro día, y sin embargo nuestro ministerio o servicio es necesario y se espera que sea proporcionado. Como Jesús, no podemos enfrentar esas demandas constantes sin períodos de silencio y oración — tal como él nos muestra.

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