
Reflexión
De dos caras
A menudo me pregunto cómo Jesús o el apóstol Pablo podrían revisar su predicación si estuvieran hablando con nosotros que vivimos en nuestra cultura occidental. En nuestra primera lectura, San Pablo no suaviza sus palabras, sino que grita a los Tesalonicenses: “…les rogamos que no se dejen perturbar tan fácilmente….Que nadie los engañe en ninguna forma.”
Además, Jesús a menudo parece más paciente con los pecados de fraude (recaudadores de impuestos), o la obstinación, incluso la prostitución y el adulterio – que con el pecado de la hipocresía. La palabra “hipócrita” proviene del lenguaje del antiguo teatro griego, y literalmente significa “actor de escena o pretendiente”, y varias veces en los Evangelios Jesús castiga a los fariseos por ser hipócritas.
Vivimos en una época de engaño global y mentiras omnipresentes, estafas, desinformación, publicidad engañosa y demás. Algunos lo llaman “noticias falsas”, y es tóxico para la salud de una sociedad.
¿Cómo recuperamos la virtud de la integridad, es decir, santidad?
Primero, cuando me encuentro exagerando o “estirando la verdad” para hacer un punto o enfatizar algo importante, necesito aprender a reconocer lo que estoy haciendo y luego corregirme inmediatamente. En segundo lugar, necesito aprender a “decir la verdad al poder” de manera regular. En el juicio de Jesús ante Anás, el sumo sacerdote, la guardia del templo golpea a Jesús. En lugar de tomar represalias, Jesús desafía al guardia lógica y moralmente debido a la veracidad de sus palabras.
Los insultos, el ridículo, el sarcasmo… y otras formas infantiles de insultar como si fuéramos en la escuela primaria están desgarrando el tejido de nuestra cultura. ¿Dónde terminará? no estoy seguro, pero hoy me propongo volver a ser cortés y al mismo tiempo honesto, no con dos caras.





