
Reflexión
Ven a mí
En la misa, se nos presenta un salmo para recitar como una respuesta a las lecturas bíblicas. En la fiesta del apóstol Bartolomé, encontramos este hermoso versículo del Salmo 144, verso 18:
“muy cerca está el Señor, de quien lo invoca.”
La palabra hebrea inspirada para “cerca” es qārôb. En el léxico bíblico de Strong leemos: “Básicamente, la palabra denota estar o llegar a la proximidad más cercana e íntima del objeto [o sujeto]. Un significado secundario implica el contacto real con el objeto.” ¡Lo más inteligente que hizo Bartolomé en su vida fue venir a Jesús! Esta proximidad cambió su vida y todavía lo recordamos como alguien que conoció a Jesús hace 2.000 años! Hoy hablamos mucho sobre el legado de una persona. Créeme, el único legado que tendremos vendrá de nuestra cercanía con Jesús!
Pienso a menudo en otro joven de los Evangelios que vino a Jesús. ¡Era un candidato ideal para ser un seguidor de Jesús! Jesús amaba lo que veía en él.
“Jesús fijó su mirada en él, le tomó cariño y le dijo: «Sólo te falta una cosa: vete, vende todo lo que tienes y reparte el dinero entre los pobres, y tendrás un tesoro en el Cielo. Después, ven y sígueme.»”
(Mc 10,21)
¡Como en el caso de Bartolomé, esta fue la invitación de toda una vida! “Al oír esto se desanimó totalmente, pues era un hombre muy rico, y se fue triste.” (Mc 10,22) Créanme: ¡Ningún legado para él! Ni siquiera sabemos su nombre! “Se fue triste.” ¡Dejar a Jesús es la mayor pérdida y tristeza de nuestras vidas!
Nuestra vida de oración se puede entender simplemente como “venir a Jesús”! “Vengan a mí los que van cansados, llevando cargas pesadas, y yo los aliviaré.” (Mt. 11:28) Una de las palabras más hermosas y frecuentes para la oración en el Nuevo Testamento es la palabra griega parakaleo. Aparece 105 veces en la Escritura. Viene de kaleo, que significa “llamar”, y para, “alrededor” o “cerca”. ¡Ven a Jesús sin mucho alboroto! “muy cerca está el Señor, de quien lo invoca.” (Salmo 144, 18)





