Escritura Diaria, 1 de Marzo 2026

Sin embargo, como Pedro, estamos llamados a retomar el camino cada día, confiando en que la voz que escuchamos, por breve o débil que sea, es suficiente para dar el siguiente paso.

Reflexión

Recientemente tuvimos una densa niebla matutina con visibilidad extremadamente limitada. Incluso las casas al otro lado de la calle apenas se veían. Conduciendo a una cita matutina por mi ruta habitual, nada estaba claro hasta que estuve a pocos metros de los semáforos, las señales de tráfico y los paisajes familiares. Esa mañana, no me sentía muy seguro. La experiencia sirvió para recordarme de lo desorientador que es avanzar cuando no podemos ver lo que nos espera.

Conocía el camino. Lo había recorrido cientos de veces. Pero conocer la ruta y ver el camino no son lo mismo. Abraham, Timoteo y Pedro recorren sus caminos de fe en las lecturas de hoy sin saber adónde los guía Dios ni qué les exigirá ese camino.

Dios le dice a Abraham: «Ve… a la tierra que te mostraré». Imagina emprender un viaje sin saber el destino, cuánto durará ni qué te espera al llegar. En un extraordinario acto de confianza, Abraham abandona la certeza de su tierra natal y pone su futuro en manos de Dios.

Pedro, en cambio, anhela la certeza. En Mateo 16, se opone a la predicción de Jesús sobre su sufrimiento y muerte.

Pablo, escribiendo a Timoteo, le insta a no avergonzarse del Evangelio, incluso cuando le trae dificultades. Ahorrase el sufrimiento no es razón por creer, pero la fe le asegura que la gracia ya está obrando en él, sosteniéndolo.

A Abraham, Timoteo y Pedro se les pide que avancen sin las garantías de un lugar, de comprensión ni de consuelo. Quizás reconozcamos ese mismo deseo de claridad en nosotros mismos. Sin embargo, como Pedro, estamos llamados a regresar al valle, confiando en que la voz que escuchamos, por breve o débil que sea, es suficiente para dar el siguiente paso.

A Abraham, Timoteo y Pedro se les pide que avancen sin las garantías de un domicilio, de comprensión ni de comodidad. Quizás reconozcamos ese mismo deseo de claridad en nosotros mismos. Sin embargo, como Pedro, estamos llamados a retomar el camino cada día, confiando en que la voz que escuchamos, por breve o débil que sea, es suficiente para dar el siguiente paso.

Señor, cuando anhelamos certeza, danos confianza. Cuando la visión se desvanezca, permanece con nosotros. Guíanos por la niebla y enséñanos a seguirte, incluso cuando no podamos ver adónde nos lleva el camino.

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