Escritura Diaria, 27 de Abril de 2026

Hoy se nos invita a profundizar nuestra comprensión del Corazón del Divino Pastor y, al mismo tiempo, se nos desafía a tener un corazón semejante al del Divino Pastor.

Reflexión

La imagen de Jesús como el buen pastor es una de las representaciones más entrañables, populares y queridas de todos los Evangelios. Sin duda alguna, uno de los Salmos más populares y amados es el Salmo 23: el Salmo del Buen Pastor. La imagen de Jesús —el Buen Pastor— que acude de inmediato a nuestra mente suele ser la de Jesús sosteniendo un corderito en sus manos robustas, o la de Jesús, el Pastor, recorriendo las praderas junto a numerosas ovejas que lo siguen y caminan a su lado, saltando y retozando alegremente.

Hoy, en el Evangelio, Jesús dice: «Yo soy el Buen Pastor»; con ello nos revela algo profundamente personal: Él te conoce. Te llama por tu nombre y te ama lo suficiente como para entregar su vida por ti. El Buen Pastor tiene un número muy grande de ovejas en su rebaño; sin embargo, cada uno de nosotros es singularmente importante para Él. Él ama a cada una y atesora la memoria de cada una.

A diferencia de un asalariado, el Divino Pastor posee un tremendo sentido de responsabilidad y apego hacia sus ovejas. Esto lo lleva a afrontar cualquier dolor, cualquier sufrimiento y cualquier sacrificio por el bien de sus amadas ovejas, incluso hasta el punto de entregar su propia vida. El Divino Pastor es consciente de las muchas ovejas que aún no forman parte de su redil; las anhela, busca atraerlas hacia sí y ansía incorporarlas a su rebaño.

Hoy se nos invita a profundizar nuestra comprensión del Corazón del Divino Pastor y, al mismo tiempo, se nos desafía a tener un corazón semejante al del Divino Pastor. Así pues, reflexionemos hoy: ¿Reconocemos Su voz en nuestra vida cotidiana, en la oración y en los movimientos silenciosos de nuestra existencia? ¿Reflejamos Su amor y su entrega hacia quienes nos rodean?

Que cada uno de nosotros se acerque más al Corazón de nuestro Divino Señor, sabiendo que cada uno de nosotros es precioso y especial para Él.

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