
Reflexión
Memoria de Santa Catalina de Siena, Virgen y Doctora de la Iglesia
Comienza a ser valiente en todo. Expulsa la oscuridad y difunde la luz. No mires tus debilidades; date cuenta, en cambio, de que en Cristo crucificado puedes hacerlo todo.
— Santa Catalina de Siena
Hoy, la Iglesia celebra la fiesta de una de las cuatro mujeres que son Doctoras de la Iglesia: Catalina de Siena. Su influencia sobre el Papa Gregorio XI para que regresara a Roma desde Aviñón (Francia) constituyó una intervención divina, únicamente porque ella escuchó a Dios con profundo amor y se mantuvo abierta al Espíritu Santo.
En los años posteriores a la Resurrección y Ascensión de Cristo, los Apóstoles fueron envalentonados e inspirados por el Espíritu Santo. Se aventuraron por el mundo, decididos a compartir la Palabra de Dios con todas las personas. Esta misión distaba mucho de ser fácil, pues requería una fe inquebrantable y confianza en el propósito que Cristo les había encomendado.
La lectura de los Hechos de los Apóstoles destaca a Bernabé y a Saulo (más tarde conocido como Pablo) mientras parten desde Antioquía, marcando el inicio de uno de sus viajes misioneros. El Espíritu Santo descendió sobre la comunidad de Antioquía tras un periodo de adoración y ayuno, guiándola en sus acciones. Antes de que Bernabé y Saulo fueran enviados, la comunidad realizó la imposición de manos: un acto simbólico de encomienda, profundamente arraigado en la tradición.
Su misión consistía en ser la Luz de Cristo y difundir la Palabra de Dios a los demás.
En la lectura del Evangelio de Juan, Jesús proclama que proviene de Dios, que Él es la Luz y que sus palabras son las palabras de Dios, o su «mandamiento». Escuchar este mensaje, creer en él y ponerlo en práctica nos conduce a la vida eterna. Las palabras de Catalina de Siena, al comienzo de esta reflexión, nos dicen que tengamos confianza en la Palabra de Dios; una Palabra que nos otorga la gracia para realizar mucho más de lo que jamás podríamos imaginar. ¿Será difícil? ¡Sí! Y Cristo realizó lo más difícil al permitir ser crucificado, morir y ser sepultado, para que nosotros pudiéramos tener vida eterna.
Así como los Apóstoles fueron comisionados para ser luz y llevar el mensaje del Evangelio al mundo, nosotros somos llamados, a través de nuestro Bautismo, a ser luz y la presencia de Cristo para los demás.





