
Reflection
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído ustedes que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo; yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos.
—Mateo 5:43-45
Hace unos años, celebré una misa para nuestra comunidad de socios pasionistas en San Antonio, Texas. Ya que todos iban a celebrar el Día de los Padres al día siguiente, hubo una reflexión sobre cómo Dios, un buen Padre, siempre nos ofrecerá la oportunidad de empezar de nuevo después de un fracaso. Aunque esta enseñanza fue muy bien aceptada en nuestras vidas personales, era difícil aplicarla a nuestra situación social actual. Hoy somos bombardeados por ejemplos de lo injustos y odiosos que son nuestros enemigos y de lo difícil que es amarlos. Algunos de nuestro grupo decían que es más fácil perdonarlos que amarlos. Otros sentían que al amarlos, estábamos afirmando sus maneras injustas.
Una de las razones por las que nuestra fe es tan desafiante es porque nos pide vivir de maneras que son contrarias a nuestros sentimientos y a nuestro sentido de la justicia. Mientras sigamos practicando el amor cristiano cuando es indoloro y merecido, nos sentiremos bien con nuestros esfuerzos por amar como Jesús amó. Sin embargo, cuanto más apreciamos cómo Jesús nos amó verdaderamente, entonces más difícil se vuelve amar de la manera que Jesús ama. No comprendemos plenamente la perspicacia que tenía el apóstol Pablo cuando escribió en Romanos 5,8: Pero Dios prueba que nos ama, en que, cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros (Biblia Dios habla hoy). Esta comprensión nos da un gran consuelo personal. El amor de Dios y el amor de Jesús son incondicionales.
No hay palabras humanas que nos persuadirán de amar a nuestros enemigos como Jesús amó a sus enemigos y dio su vida por ellos.
Todos estamos invitados, sin embargo, a amar como Jesús nos amó, no en teoría sino en la práctica. Tenemos que ser capaces de nombrar a nuestros enemigos y tomar la decisión de amarlos.
¡Sólo con la ayuda de Dios podemos hacer esto!





