
Reflexión
Esperanza en medio de tormentas contínuas
La frase “Caja de Pandora” se refiere a una acción por la cual muchos problemas son liberados en la vida de uno. En la mitología griega, fue Pandora quien abrió una caja que le estaba prohibido abrir, y consecuentemente desató su contenido de sufrimiento sobre el mundo. Junto con los males que contenía, también había un antídoto para el sufrimiento, la esperanza. En muchos sentidos, la vida puede parecer esta historia. Los problemas, las tensiones, las traiciones y las ansiedades pueden rodearnos repentinamente. Sin embargo, incluso en esos momentos, la esperanza permanece.
En el evangelio de hoy, Mateo presenta a Jesús en un momento en que una “caja de Pandora” de oposición se abre contra él. El pasaje comienza con una línea impactante: los fariseos comienzan a planear la muerte de Jesús. Esto no es simplemente desacuerdo; es hostilidad organizada. ¿Por qué tal odio? Jesús no correspondió a sus expectativas de un Mesías.
Imaginaban a alguien políticamente poderoso, socialmente dominante y religiosamente controlador. En cambio, Jesús era amable, compasivo y libre.
Sanó en el sábado, habló con autoridad y se acercó a los marginados. Su vida perturbó sus cómodas estructuras. Mateo presenta a Jesús como el Siervo elegido de Dios, cumpliendo la profecía de uno que “no hará oír su voz en las plazas, no romperá la caña resquebrajada.” Incluso cuando se enfrenta a tramas mortíferas, Jesús no toma represalias. Se retira en silencio, continúa sanando y permanece fiel a su misión. Su fuerza no es la fuerte agresión sino la constante compasión. Se mantiene firme en la esperanza, “en él pondrán todas las naciones su esperanza.”. Este es el corazón del mensaje evangélico: la esperanza que sobrevive a la hostilidad.
La primera lectura del Libro de Miqueas habla de injusticia y explotación. Condena a quienes planean el mal y abusan del poder. Este trasfondo nos ayuda a entender el mundo en que entró Jesús, aquel lleno de opresión y corazones endurecidos. Sin embargo, Jesús no permite que el mal defina su respuesta. En cambio, revela un nuevo camino: la justicia arraigada en la misericordia. El Salmo 9 resuena el grito de los que sufren. Expresa la pregunta que muchos de nosotros nos hacemos: ¿Por qué te quedas lejos, Señor? Sin embargo, el salmo también afirma que Dios ve, recuerda y en última instancia defiende a los afligidos.
La esperanza no es un optimismo ingenuo; es la confianza de que Dios permanece presente incluso cuando se levanta la oscuridad.
Como Jesús, también nosotros enfrentamos momentos en que la vida nos resulta abrumadora y nos rodean malentendidos, luchas o rechazo. A veces podemos incluso oponer resistencia a quienes desafían nuestro consuelo, como los fariseos opusieron resistencia a Jesús. Pero el Evangelio nos invita a responder de manera diferente. Jesús nos enseña a vivir con coraje tranquilo. Incluso cuando surge la oposición, estamos llamados a permanecer arraigados en la esperanza, fieles a la verdad y mansos en el amor. Las tormentas pueden llegar, pero la esperanza debe permanecer.
Que Cristo, el gentil Siervo y la esperanza de las naciones, sea nuestra fuerza. Cuando la vida abra su “caja de Pandora”, que nos aferremos firmemente a la esperanza de que ninguna oscuridad pueda vencer.





