Escritura Diaria, 29 de Julio de 2026

Involucrar a Dios en nuestro propio diálogo de alianza y tomar el tiempo para escuchar la respuesta de Dios, podría ser una oportunidad para profundizar nuestra relación con Dios y crecer más profundamente en el amor que Dios tiene por nosotros.

Estas son las escrituras propias de la memoria.

Reflexión

Memoria de los santos Marta, María y Lázaro

Dios “…envió al mundo a su Hijo unigénito, para que vivamos por él.”

La primera lectura de hoy describe el amor que nos une a Dios y cómo debemos vivir esa relación. Significa simplemente amar. El amor es una de las tres virtudes cardinales. San Pablo escribe sobre el amor en su primera carta a los corintios. Afirma que de los tres, fe, esperanza y amor, el mayor es el amor. (1Cor 13:13) Dios nos ama tanto que envió a su Hijo para que tengamos vida eterna. El amor que Jesús mostró a Marta, María y Lázaro era profundo. Es en ese mismo amor que también nosotros podemos tener vida. Conocer a Cristo es saber qué es el amor. Poder compartir ese amor a través de actos de bondad o servicio es un reflejo de ese amor.

“…tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”.

En el pasaje del Evangelio de hoy, Jesús y Marta tienen una conversación en la que Marta hace varias declaraciones que expresan su fuerte creencia en la resurrección en el último día. La última de estas afirmaciones es que ella cree que “…tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”. En los Evangelios, cuando Jesús sana a alguien, es a través de la fe de esa persona o por la fe de otros que el enfermo es sanado. Marta, una mujer que es representada como demasiado ocupada para orar en el Evangelio de Lucas, es, en el Evangelio de Juan, la que tiene fe en que Jesús va a sanar a su hermano o lo resucitará de entre los muertos. Jesús le responde con una de las declaraciones “Yo soy”:

“Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”.

Podemos llamar a esta conversación entre Marta y Jesús un diálogo de alianza. Marta hace sus declaraciones de fe y Jesús responde con la promesa de vida eterna. La fe de Marta y la fe de los Apóstoles no era perfecta. Jesús es el único que Dios ha enviado para liberar a las personas de sus pecados y darles la vida eterna. Involucrar a Dios en nuestro propio diálogo de alianza y tomar el tiempo para escuchar la respuesta de Dios, podría ser una oportunidad para profundizar nuestra relación con Dios y crecer más profundamente en el amor que Dios tiene por nosotros.

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