Escritura Diaria, 27 de Agosto de 2026

La vigilancia cristiana no significa sentarse y esperar ansiosamente, sino que significa vivir fielmente cada día.

Reflexión

El pasaje del Evangelio de hoy es una fuerte predicación por parte de Jesús sobre la necesidad de permanecer listos para su segunda venida. El capítulo 24 del Evangelio de Mateo comienza con Jesús dirigiéndose a sus discípulos sobre la destrucción del templo de Jerusalén y continúa con Jesús explicando las persecuciones y calamidades que iban a suceder al pueblo. Con este trasfondo, Jesús habla de la necesidad de estar atentos en todo momento y lo explica con la parábola del siervo infiel.

Una de las realidades importantes de la vida humana es la imprevisibilidad, que ocurre en muchos momentos de la vida.

Una enfermedad inesperada que empuja a la gente hacia una depresión de ansiedad y preocupación. Jesús nos dice que nos mantengamos despiertos. No sabemos cuándo vendrá el Señor. Así como un terrateniente puede regresar en una hora inesperada, los momentos importantes de la vida también pueden llegar sin previo aviso. El siervo fiel no espera a que el amo regrese para comenzar su trabajo. Sigue sirviendo diligentemente todos los días.

La vigilancia cristiana no significa sentarse y esperar ansiosamente, sino que significa vivir fielmente cada día.

Necesitamos estar atentos a ser fieles a Dios y los unos a los otros.  El maestro en la parábola podría recordarnos a Jesús, que algún día regresará en gloria para juzgar a los vivos y a los muertos. Pero mientras él está ausente, nos ha confiado la realización de su obra y esta carga se aplica a todos nosotros. Cada uno de nosotros está llamado a servir a Dios de una manera que refleje el amor desinteresado de Jesús, tanto en nuestras relaciones cotidianas como cuando cuidamos unos de otros.

Hoy la Iglesia celebra el memorial de santa Mónica, una madre santa ejemplar, que siempre estuvo vigilante intercediendo para que su hijo regresara a los caminos del Señor. Se convierte en un ejemplo para nosotros de estar siempre a la guardia y esperar con paciencia y esperanza. Sus oraciones dieron fruto en san Agustín, el gran santo y doctor de la Iglesia. Demos gracias a Dios por habernos llamado a ser siervos.

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