
Reflexión
En las lecturas de hoy, escuchamos primero sobre cómo Jeremías intenta contener y reprimir los mensajes ardientes en su corazón. En la segunda lectura de Romanos, se nos insta a ser diferentes de las tendencias populares de nuestros tiempos y dejar que nuestros corazones sean transformados para que busquemos hacer lo que es voluntad de Dios. Ambas parecen alentarnos a ejercer un comportamiento que será visto como extraño por los demás. Estas lecturas deberían darnos la confianza para ir en contra de las tendencias populares porque estaremos bien preparados para ese desafío.
En la lectura del Evangelio, Pedro habla audazmente, implorando a Jesús NO hablar de lo que Jesús experimentará en Jerusalén. Pedro proclama: “No lo permita Dios, Señor; eso no te puede suceder a ti”.
Pedro revela sus sentimientos y habla audazmente porque quiere proteger a Jesús del sufrimiento, el dolor y la muerte. Está hablando desde su corazón. ¿Quién de nosotros no sentiría lo mismo?
Jesús responde duramente a Pedro, diciendo que él está actuando como Satanás y es un obstáculo para su misión. Sin embargo, no deberíamos juzgar a Peter con demasiada severidad, ya que todavía es un estudiante y no el maestro.
Jesús entonces nos explica (a sus discípulos) con calma lo que debemos hacer. Recoger nuestras cruces, proclamar la grandeza de Dios y vivir vidas dirigidas por su voluntad.
¿Me esfuerzo por vivir como un discípulo de Jesús? ¿Hablo demasiado pronto sin el debido discernimiento? ¿Reservo suficiente tiempo y oportunidad para escuchar la voluntad de Dios?





