
Reflexión
Memoria del Martirio de San Juan Bautista
La santidad es a menudo percibida como un logro reservado para los pocos que llamamos “santos”, pero en su Carta a los tesalonicenses, san Pablo anima a las personas a buscar la santidad “conduciéndose para complacer a Dios”. Sus instrucciones enfatizan las relaciones interpersonales, específicamente con respecto a elegir un cónyuge o el comportamiento con los demás.
San Juan Bautista predicó sobre la venida del mesías y criticó al matrimonio de Herodes Antipas con la esposa de su hermano mientras su hermano aún estaba vivo. Esta interacción puede ser vista como un estímulo para que Herodes reflexione sobre sus propios valores por los cuales se relacionaba con otros. Cuando su esposa le pidió la “cabeza de Juan Bautista”, Herodes Antipas, que tenía autoridad como rey, no rechazó el pedido. La negativa podría haber sido vista como un gesto de humildad o una señal de debilidad. Incluso alguien en la posición de Herodes parecía sentirse influenciado por los presentes, posiblemente considerando sus opiniones o su apoyo a la reina o a sí mismo, mientras que otros pueden haber elegido no expresar sus perspectivas.
La santidad se refleja en la manera en que las personas se comportan tanto en sus relaciones personales como profesionales, así como en su integridad cuando no son observadas. San Pablo aconsejó a los tesalonicenses que evaluaran la calidad de sus interacciones con otros. El Evangelio habla de la valentía necesaria para mantener la santidad, especialmente en circunstancias difíciles. La santidad implica esforzarse por la plenitud y buscar una relación con Dios a través de nuestras relaciones interpersonales, mientras que también sirve como una influencia positiva que anima a otros hacia la santidad.
“Según dice la Escritura: Sean santos, porque yo soy santo.”
– 1 Pedro 1:16





