Escritura Diaria, 11 de Marzo 2026

“No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud.”

Reflexión

“No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud.”

Con estas palabras, Jesús afirmó el significado definitivo de la Torá. Jesús cumplió, vivió plenamente, interpretó correctamente y llevó a su plenitud la Torá en su sentido más auténtico.

En tiempos de Jesús, los judíos no estaban sujetos solamente a la ley de la Torá, sino también a miles de normas adicionales. ¿Por qué una observancia de la Torá casi obsesiva? Aquí es importante considerar algo de contexto e historia.

Con la destrucción de Jerusalén y del Templo, y su posterior cautiverio en Babilonia (586–538 a.C.), el pueblo judío reflexionó y llegó a la conclusión de que Dios los había castigado por haberlo olvidado y por haber fallado gravemente en cumplir los mandamientos contenidos en la Torá. Entonces hicieron el propósito de que, en adelante, seguirían con cuidado y fidelidad la Palabra de Dios.

Al terminar el cautiverio, los judíos comenzaron comprensiblemente una renovada y estricta observancia de la Torá como un aspecto fundamental de su fe. Esto estuvo motivado en gran parte por la necesidad de mantener su identidad de alianza aun sin el Templo. Sin embargo, gradualmente, a lo largo de muchos siglos, la observancia de la Torá llegó a incluir también el Talmud y la Mishná, comentarios que contenían miles de normas que definían lo que era comportamiento aceptable o inaceptable según la Torá.

Lamentablemente, a pesar de las buenas intenciones, el pueblo judío llegó a concentrarse tanto en la ley que con frecuencia observaba la norma sin comprender ni encarnar su significado más profundo.

Jesús respetaba profundamente la Torá, pero tenía poca tolerancia hacia las numerosas y pesadas normas generadas por los escribas. Allí se encontraba la raíz de muchos de los conflictos entre Jesús y los escribas y fariseos.

Jesús dijo que no había venido a destruir la Ley y los Profetas —es decir, la Torá— sino a darles cumplimiento. ¿Qué quiso decir con esa afirmación?

Jesús vino a revelar el sentido verdadero y más profundo de la ley, que está arraigado en la ley del amor a Dios y al prójimo.

En el evangelio de hoy, Jesús nos invita a estudiar, meditar y vivir la Palabra de Dios, las Escrituras, no de manera servil ni por miedo, sino con amor. De este modo, podemos estar seguros de que nuestras vidas serán guiadas por la vida y las enseñanzas de Jesús, quien es el Logos, la Palabra de Dios.

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