Los Pasionistas siempre han seguido la práctica explícita de Pablo de la Cruz de identificar a los pobres con el cuerpo sufriente de Cristo y de exhortar a una generosidad concreta.
Para los Pasionistas, la caridad hacia el prójimo es el signo seguro del amor a Jesucristo.
Dios de amor generoso, en este tiempo de Cuaresma abre nuestros ojos para reconocer a tu Hijo en los rostros de los pobres, los olvidados y los que sufren.
Líbranos del miedo que se aferra a lo que poseemos y enséñanos a dar con confianza y no con cálculo.
Moldea nuestros corazones para que la generosidad sea un modo de vida compartido y no un gesto ocasional.
Al responder a necesidades humanas reales, acércanos más a Cristo, cuyo cuerpo sigue llevando las heridas del mundo.
Por tu gracia, que nuestra limosna se convierta en un signo vivo de amor que sana, restaura y da esperanza.





