¿Qué significa realmente ser un discípulo de Cristo?
En esta reflexión del P. David Colhour, CP, para el quinto domingo de Cuaresma, exploramos cómo el discipulado va mucho más allá de la mera creencia o admiración. Se trata de transformación: de ser moldeados por Cristo en cada aspecto de nuestras vidas.
A través de las Escrituras, la reflexión y una perspectiva basada en la vida real, este mensaje nos interpela: ¿Estamos simplemente encajando a Cristo en nuestras vidas, o le estamos permitiendo que nos transforme?
🙏 Dedica un tiempo esta semana a reflexionar sobre tu propio camino de discipulado.
Introducción: Una nueva semana de la Cuaresma
Buenos días y feliz domingo. Una vez más, damos paso a otra semana de nuestra serie de Cuaresma, de 12:00 a 3:00 p.m. Sin detenernos demasiado en aspectos históricos, entremos de lleno en el tema y dediquemos este tiempo a reflexionar hoy sobre el discipulado.
La pregunta equivocada con la que crecemos
Cuando yo era niño —quizás tú hayas tenido la misma experiencia—, la gran pregunta que nos hacían los adultos era: «¿Qué quieres ser cuando seas grande?». Esa pregunta resulta casi imposible de responder cuando tienes cinco o seis años. No entiendes el mundo y, desde luego, no tienes un plan de vida.
Probablemente no fue hasta que cumplí los treinta que me di cuenta de que esa no es la pregunta que orienta tu vida. La pregunta más profunda es esta: ¿con quién quieres estudiar?
Aprender a través de las relaciones
Cuando se trata de dominar una artesanía o una habilidad, no basta simplemente con obtener un título académico. Buscas a alguien cuya sabiduría, disciplina y visión admires. Observas cómo piensa, cómo trabaja y cómo aborda los desafíos.
Con el tiempo, comienzas a asimilar sus hábitos, sus instintos y su ética de trabajo. Su ejemplo moldea la forma en que vives y ejerces ese oficio.
Lo que realmente significa el discipulado
Así es como siempre ha funcionado el discipulado. Un discípulo no se limita simplemente a recopilar información. Un discípulo permanece cerca del maestro, aprendiendo a través de la observación, la corrección y la confianza.
Con el tiempo, algo del maestro comienza a echar raíces en su interior. Son transformados desde dentro. Comienzan a ver el mundo de manera diferente, a través de los ojos de aquel a quien siguen.
Por eso, en tratar de sus logros como el arte, la música, la arquitectura, la filosofía o la teología, la gente suele decir: «Estudié con…». Nombran a una persona, no a una escuela, porque fue la relación lo que los formó.
El discipulado en tiempos de Jesús
En esencia, el discipulado significa convertirse en un aprendiz que dedica toda la vida al seguimiento de su maestro. La palabra «discípulo» proviene del latín discipulus, que significa «estudiante» o «aprendiz».
En tiempos de Jesús, un discípulo no se limitaba a estudiar ideas; caminaba junto al maestro, lo escuchaba atentamente, imitaba su estilo de vida y se formaba a través de la relación personal con su maestro.
Detrás de mí se encuentra un icono de hombres y mujeres que vivieron esta realidad. Estos pasionistas permitieron que Cristo —especialmente en su crucifixión— transformara sus vidas por completo.
Podemos ser discípulos de más de una persona. Como pasionistas, somos discípulos de San Pablo de la Cruz, quien, a su vez, fue discípulo de Jesús.
La llamada del Evangelio
Vienen a la mente dos pasajes del Evangelio. En Marcos 8:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame».
Y en Lucas 9:
«Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios».
Si esos son tus puntos de partida, pueden resultar abrumadores. Pero Jesús no comienza con grandes expectativas; comienza con una llamada.
La atracción de Cristo
Hay algo cautivador en Jesús. La gente comienza a preguntarse: «¿Quién es este?». Hay integridad en sus palabras, autoridad en su enseñanza y un poder misterioso que lo envuelve.
Él atrae a las personas.
A veces, la gente describe a Jesús como severo o crítico, pero esa imagen no corresponde con los Evangelios. El Jesús de los Evangelios muestra una preocupación genuina, autoridad y una presencia misteriosa que atrae a las personas.
Ese es el Jesús hacia el cual estamos llamados a sentirnos atraídos.
Formación a través del seguimiento
Los discípulos comienzan a aprender de Él. Hacen suya Su sabiduría, Sus valores y Su visión. Con el tiempo, Él los envía: «Sanen a los enfermos. Resuciten a los muertos».
A medida que cumplen el mandato de Jesús, su confianza crece. Sus vidas toman una dirección completamente nueva.
Esta transformación requiere confianza y respeto, y no ocurre de la noche a la mañana; se desarrolla a lo largo del tiempo.
Imaginando el costo del discipulado
Imagina las conversaciones que los apóstoles tuvieron con sus familias.
Visualiza al padre de Pedro diciendo:
«Simón, la pesca no es un juego. Este barco alimenta a tu familia. Tu abuelo trabajó estas aguas, y yo te enseñé este oficio. No puedes simplemente marcharte».
O al padre de Santiago y de Juan preguntando:
«¿Qué quieres decir con que te vas? Los barcos no funcionan solos. ¿Quién es ese maestro por el que estarían dispuestos a dejarlo todo atrás?».
Transformación incompleta
Incluso más tarde, cuando Jesús está en la cruz, son mayormente las mujeres quienes permanecen. Los hombres están ausentes. Su transformación aún no es completa.
Como sugiere el Evangelio de Marcos, es el encuentro con Cristo resucitado lo que finalmente la lleva a su plenitud.
El discipulado en el mundo actual
En nuestro mundo moderno, debemos preguntarnos: ¿hemos hecho que el discipulado sea más fácil de lo que Jesús pretendía?
Vivimos en una cultura que valora la comodidad, la independencia y el control. En ese entorno, el discipulado puede convertirse en una idea en lugar de un compromiso.
Podemos admirar las enseñanzas de Cristo, pero vacilamos cuando estas nos exigen algo.
Una pregunta más difícil
Así pues, la pregunta es: ¿estamos encajando a Cristo en nuestras vidas, o nos estamos dejando moldear por Él?
Seguir a Cristo no es el objetivo final. El objetivo es la transformación: llegar a ser como Cristo.
El peligro del discipulado parcial
Muchas personas se conforman con un discipulado parcial. Aceptamos las partes de la enseñanza de Jesús que nos reconfortan y evitamos aquellas que nos desafían.
A veces a esto se le llama «catolicismo de cafetería»: tomamos lo que nos gusta y dejamos el resto.
¿Pero no es precisamente por eso que existe la Cuaresma?
La Cuaresma: Un tiempo de transformación
La Cuaresma trata sobre la purificación y la transformación. Trata sobre llegar a conocer a Cristo con mayor profundidad.
A medida que reconocemos la amorosa presencia de Dios en lo más hondo de nuestras vidas, comenzamos a cambiar. Las distracciones pierden su importancia. Nuestra oración madura en confianza, incluso cuando desafía nuestros deseos personales.
Reflexión final
Todos estamos siendo formados por algo, ya sea la cultura, el miedo, el éxito, el poder o la comodidad.
Pero el discipulado plantea una pregunta más difícil:
¿Estás admirando a Cristo desde la distancia, o es Cristo quien verdaderamente está moldeando tu vida?
Que tengas una semana bendita. Sigue reflexionando sobre el discipulado en tu vida. Dios te bendiga.



