
Reflexión
Apolos era judío, natural de Alejandría, orador elocuente y una autoridad en las Escrituras. Se nos dice que había sido instruido en el Camino del Señor y que, con espíritu ferviente, hablaba y enseñaba con exactitud acerca de Jesús. ¡Vaya! Suena como una persona de cuyo trato todos podríamos beneficiarnos.
Hay algo aún más importante acerca de Apolos que podría hacernos más exitosos en la difusión del mensaje de Jesucristo si seguimos su ejemplo. Apolos era un hombre instruido y tuvo éxito en su predicación y enseñanza; sin embargo, estaba dispuesto a aprender de aquellos con más experiencia que él. Cuando Priscila y Aquila lo tomaron aparte para ofrecerle consejo, él se mostró agradecido y lo consideró una oportunidad de aprendizaje. Cuando los hermanos le abrieron el camino para continuar difundiendo la buena nueva de Jesucristo, él se mostró entusiasmado por ampliar sus viajes y tuvo un gran éxito al incorporar a más seguidores al rebaño.
Hoy, en el Evangelio Jesús nos recuerda la importancia de estar dispuestos a pedir a Dios aquello que necesitamos. A veces lo hacemos mediante la oración; otras veces, somos llamados a escuchar a las personas que Dios pone en nuestro camino de vida.

Con frecuencia, estas personas son aquellas a quienes llamamos familiares, amigos, maestros, pastores, directores espirituales, etc. Ellos nos brindan apoyo, nos desafían, nos enseñan y, a través de su amor, nos ayudan a ser la persona que estamos llamados a ser.
A menudo no queremos pedir orientación, ni ser desafiados, ni solicitar consejo a los demás, pues —debido a nuestra condición humana— podemos llegar a creer que lo sabemos todo. En ocasiones, los títulos académicos que obtenemos con orgullo se convierten en el faro de nuestro éxito y nos otorgan una falsa sensación de seguridad; damos a los demás el mensaje de que lo sabemos todo.
Al reflexionar sobre los más de cuarenta años que he dedicado a servir al pueblo de Dios como ministro pastoral, sé que mi éxito en el pastoreo y la mentoría se ha debido, en gran parte, a todos aquellos pastores, colegas, maestros, padres, estudiantes y tantos otros que me guiaron y me enseñaron que estaba bien no tener todas las respuestas y, lo que es aún más importante, a escuchar a quienes han recorrido el camino antes que yo. Obtuve mis títulos académicos a base de arduo trabajo y algunas noches de desvelo; y, si bien me siento orgulloso de esas experiencias, mis mejores maestros han sido aquellos que encontré en el camino: la gente común que me abrió las puertas de sus hogares, de sus habitaciones de hospital, de sus aulas, de sus santuarios, de sus comedores comunitarios y de sus marchas por la justicia.
Le pedí a Dios lo que creía querer, ¡y Dios siempre me ha dado lo que necesitaba! Apolos fue un discípulo fiel de Jesús, junto con los hermanos y hermanas de toda la Iglesia primitiva. Todos ellos gozaron de un éxito extraordinario en el desarrollo de las primeras comunidades cristianas, pues estaban dispuestos a escucharse mutuamente y a mantener siempre ante los demás una mente abierta y un corazón amoroso. ¡Haríamos bien en hacer lo mismo! ¡Amén!





