Escritura Diaria, 4 de Junio de 2026

Que nuestro mundo tan necesitado sea convertido por nuestro amor desinteresado, un amor que fluye de costado de Jesús y penetra la vida de cada uno de nosotros.

Reflexión

Amor a Dios, al Prójimo y a mí mismo…

El mes de junio es tradicionalmente conocido por las bodas, por el comienzo del verano en nuestra parte del mundo y por la celebración del día del padre.  Estos acontecimientos evocan la celebración de la vida y, en gran medida, del amor.

La selección del Evangelio de hoy recuerda que todo amor verdadero es una extensión del amor de Dios y, por lo tanto, se aplica a toda la vida.  En el evangelio, el escriba preguntó a Jesús acerca del primero de todos los mandamientos.  La pregunta llevó a Jesús a compartir una enseñanza que sigue desafiando e inspirándonos a todos nosotros: ama a Dios totalmente, y ama a tu prójimo como te amas a ti mismo.  Jesús señala que el amor es inclusivo; para ser una persona verdaderamente amorosa, el amor de uno fluye hacia afuera y toca a los demás.  El amor fructífero incluye la comunicación, la comprensión, el compromiso, el perdón y el sacrificio – virtudes que vemos en Jesús mismo, y también esperamos que se verificarán en nosotros mismos y los demás.

La primera lectura de hoy, de San Pablo a Timoteo, ayuda a que el mensaje de un amor tan fecundo cobre vida en las realidades de la vida.  Pablo se ha entregado totalmente para compartir la Buena Nueva de Jesús –hasta el punto de extensos viajes misioneros, largos sermones y cartas en abundancia, incluso malentendidos, persecución y encarcelamiento.  Pablo busca despertar tal amor y servicio en Timoteo y otros, animándolos a seguir su ejemplo y permanecer fieles a compartir la verdad del amor de Dios como confirmado en la persona de Jesús.

Cada uno de nosotros, por nuestra vocación, “predica” nuestro “sermón” único sobre el amor de Dios y nuestro amor a los demás y a nosotros mismos. 

A medida que reflexionamos más profundamente sobre nuestras vidas, podemos dar gracias a Dios por el don de nuestra vocación y todo lo que ha significado hasta ahora.

Consideramos nuestra fe, nuestras motivaciones, nuestros dones y nuestras limitaciones, el fruto rico que esperamos de nuestra vida y amor.

A título muy personal, hoy -4 de junio- doy gracias a Dios por el don de mi sacerdocio pasionista; yo y mis compañeros de ordenación celebramos 50 años de un ministerio sacerdotal bienaventurado.

A través del don de la gracia de Dios, ¡que el amor de Cristo siga creciendo y madurando en cada uno de nosotros!  Que nuestro mundo tan necesitado sea convertido por nuestro amor desinteresado, un amor que fluye de costado de Jesús y penetra la vida de cada uno de nosotros.  Que Jesús nos pueda decir a cada uno lo que pudo decirle all escriba con quien se impresionó:  “…no estás lejos del Reino de Dios.”  ¡Así sea!

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *