La oración personal es el entorno silencioso donde la fe se vuelve personal y real. Es el espacio donde no hay ni ruido ni prisa y nos permitimos estar plenamente conscientes de la presencia de Dios. En ese silencio, hablamos con sinceridad sobre nuestras esperanzas y temores, mientras aprendemos a escuchar con paciencia y humildad.
En este video, el P. Mike Higgins, CP, reflexiona sobre el poder constante y formador de la oración personal. El tiempo dedicado al silencio y la meditación no es un vacío, sino el lugar donde Dios toma la palabra. Aunque su oración personal puede incluir presentar preocupaciones, pedir ayuda y orar por los demás, en su esencia la oración personal no se logra con palabras. En ella, aprendemos a estar quietos y a escuchar.
Tómate unos momentos para mirar el video y reflexionar. Que esto te anime a entrar en ese lugar silencioso donde escuchar termina en transformación.
El tiempo que dedico a la meditación o a la reflexión es esencial en mi vida. San Pablo de la Cruz solía pasar siete horas en oración. Yo no logro eso. En la mayoría de los días, puedo tener un tiempo de silencio que va desde cuarenta y cinco minutos hasta dos horas. Pero ese es el lugar donde permito que Dios me hable.
Parte de mi oración es simplemente decir: «Guarda silencio, Mike, y escucha». Sí presento mis preocupaciones a Dios. Pido favores. Rezo por los demás. Eso es bueno, y valoro esa parte. Pero la parte más provechosa de la oración es aprender a estar quieto y escuchar. Aprendo más de eso que de cualquier otra cosa.
Lo que aprendo no me llega de forma dramática. A veces es solo una pequeña comprensión sobre este momento, esta persona, esta experiencia o incluso este fracaso. Puede que escuches cosas que no quieres oír, pero llegan con suavidad. Incluso las ideas más desafiantes se ofrecen de una manera que puedes recibir. Es importante disciplinarte para aceptar lo que escuchas, incluso cuando preferirías ignorarlo.
Creo que el crecimiento personal nace de la oración privada. Me ha cambiado de muchas maneras en distintos momentos de mi vida. A veces me vuelve más amable. A veces me sacude. A veces me da una nueva comprensión de algo que está sucediendo a mi alrededor. Otras veces, es simplemente un lugar para descansar. Me ayuda a prestar atención a la realidad tal como es, no como quisiera que fuera.
Espero estar ahora más atento a la oración que hace veinte años. Creo que así es. La oración es el lugar donde nos encontramos con la realidad, no la versión que imaginamos, sino lo que realmente está allí y quien realmente está allí. Allí es donde aprendemos. Allí es donde ocurre el crecimiento.





