
Reflexión
Tiendo a evitar las conversaciones políticas. Temo que una simple pregunta sobre una política gubernamental en particular podría atraparme en una conversación donde los conflictos no se pueden resolver.
En el evangelio de hoy, a Jesús se le hace una pregunta política destinada a atraparlo. El tema político urgente en ese momento era sobre un impuesto de censo pagado al emperador romano, César. Para muchos judíos, el impuesto era un recordatorio constante de su sumisión a Roma. Sin embargo, los fariseos toleraron la colaboración con Roma y apoyaron el pago del impuesto. Otro grupo, los herodianos, eran más nacionalistas y se oponían a pagar el impuesto. Estos aliados improbables se unieron para tender una trampa a Jesús:
¿Está permitido o no, pagarle el tributo al César? ¿Se lo damos o no se lo damos?”
(Mc, 12, 13-14)
Si Jesús responde “No”, los herodianos pueden afirmar que Jesús se está rebelando contra el emperador romano. Si Jesús dice “Sí”, parecerá que no apoya a Israel. Jesús no respondió la pregunta. En cambio, les pidió que le llevaran la moneda en cuestión.
Y luego les hizo una pregunta a cambio:
“¿De quién es la imagen y el nombre que lleva escrito?” Le contestaron: “Del César”. Entonces les respondió Jesús: “Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.
(Mc, 12, 15-17)
Uno de los primeros Padres de la Iglesia, San Agustín de Hipona (354-430) interpretó esta historia evangélica contrastando las imágenes involucradas. La imagen inanimada en la moneda es la del emperador actual, pero los cristianos son creados a imagen del Dios viviente: “La moneda no tiene conocimiento de que lleva la imagen del emperador. Pero tú eres la moneda de Dios, y por lo tanto eres muy superior, ya que estás vivo y consciente, para que conozcas a Aquel cuya imagen llevas.”
San Agustín dice que, debido a que poseemos una mente y un alma, nuestro propósito superior es conscientemente conocer, amar y pertenecer a aquel en cuya imagen fuimos creados.
Durante esta temporada de Pentecostés, oramos por los dones del conocimiento, la comprensión y la sabiduría, para que podamos “conocer a Aquel cuya imagen llevamos”.





