
La Cuaresma no está hecha para recorrerla en soledad
¿Y si la Cuaresma nos pidiera más de lo que esperamos…
y nos ofreciera aún más a cambio?
Haz una pausa, ora y reflexiona con ideas inspiradas en el carisma pasionista.

¿Y si la Cuaresma nos pidiera más de lo que esperamos…
y nos ofreciera aún más a cambio?

“Dime qué es lo que amas y te diré en qué te convertirás”. En el fondo, todo es bastante sencillo.

El cristianismo no afirma que el sufrimiento sea bueno, pero sí enseña que podemos hacer que nuestro sufrimiento sea fecundo para el bien.

Si nuestra manera de percibir al “otro” nos está llevando a pecar, debemos desecharla, por más apegados que estemos a ella, y escuchar lo que Jesús nos dice.

En esta Cuaresma, miremos lo que tenemos delante y, por fin, elijamos lo auténtico.

Antes de poder hablar con claridad, debemos escuchar. Antes de escuchar, debemos desear sinceramente oír la voz de Jesús en nuestros corazones.

Jesús siempre estará con nosotros si somos fieles y confiamos en su amor y misericordia infinita.

lo malo proviene del interior, del corazón, dice Jesús a la multitud. Su punto es que tenemos la responsabilidad de cultivar en el corazón lo que viene de Dios, y no lo que es malvado.

Son los medios por los cuales somos alimentados para poder entrar en algo más profundo, que nos capacita para acoger al excluido, alimentar al hambriento, defender al indefenso, enfrentar la injusticia y vivir como vivió Jesús.

En los dos días previos al Miércoles de Ceniza leeremos el comienzo de la Carta de Santiago: «…sale el sol y con su calor quema las hierbas; se caen las flores y se acaba su belleza. Así se marchitará el rico, en medio de todas sus empresas.» (Sant 1,11).