
Escritura Diaria, 21 de Mayo de 2026
Jesús ora para que nos unamos como uno solo y no vivamos como individuos aislados. Jesús nos ve como personas creadas, únicas, valiosas e iguales, creadas a imagen y semejanza de Dios.
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Jesús ora para que nos unamos como uno solo y no vivamos como individuos aislados. Jesús nos ve como personas creadas, únicas, valiosas e iguales, creadas a imagen y semejanza de Dios.

La pregunta aterradora no es si el mundo odia el Evangelio; Jesús ya nos advirtió que así sería. La pregunta más peligrosa es si hemos aprendido a traicionar el Evangelio precisamente cuando afirmamos estar defendiéndolo.

Sin embargo, ¿con qué frecuencia centramos nuestra atención en las cosas del mundo y ponemos nuestras prioridades en lo temporal, mientras ignoramos lo eterno?

Por lo tanto, no perdamos el ánimo en tiempos de lucha. En su lugar, aferrémonos firmemente al Señor, que ha vencido al mundo.

También nosotros hemos sido «bautizados con el Espíritu Santo» porque, al igual que los primeros discípulos, hemos sido reclamados por Cristo para ser sus testigos ante cada persona que se cruza en nuestro camino.

Hoy, en el Evangelio Jesús nos recuerda la importancia de estar dispuestos a pedir a Dios aquello que necesitamos. A veces lo hacemos mediante la oración; otras veces, somos llamados a escuchar a las personas que Dios pone en nuestro camino de vida.

Gracias a Jesús, sabemos que, independientemente de lo que atravesemos, Dios nos acompañará en nuestro esfuerzo y nos conducirá a la resurrección y a una vida nueva.

Tenemos la oportunidad de esforzarnos por brindar amor incondicional, misericordia y humildad en la vida cotidiana. Aspiramos a atender las necesidades de los marginados. Queremos ayudar a sanar relaciones rotas, ya sean entre individuos, grupos o incluso naciones.

Este Dios, que es el Creador de todo, que «no está lejos de ninguno de nosotros», no puede ser modelado a partir de nada terrenal —ya sea oro o plata—, sino que es, más bien, Aquel que está siempre presente. El gran YO SOY.

Hoy la lectura del evangelio, tomada del capítulo 16 del evangelio según San Juan, constituye la continuación de una serie de capítulos titulada «Discursos de la Última Cena», los cuales se insertan entre el final de la Última Cena, en el capítulo 13, y el arresto de Jesús, en el capítulo 18.