
Escritura Diaria, 30 de Mayo de 2026
Consolídense sobre el cimiento de su fe santa, oren movidos por el Espíritu Santo, conserven en ustedes el amor a Dios, en espera de que la misericordia de nuestro Señor Jesucristo les dé la vida eterna.
Haz una pausa, ora y reflexiona con ideas inspiradas en el carisma pasionista.

Consolídense sobre el cimiento de su fe santa, oren movidos por el Espíritu Santo, conserven en ustedes el amor a Dios, en espera de que la misericordia de nuestro Señor Jesucristo les dé la vida eterna.

Cristo nos dio el mayor ejemplo de cómo transitar a través de nuestro sufrimiento. Que todos seamos bendecidos con la gracia de tomar nuestra propia cruz y cargarla mediante la Oración, el Amor y el Perdón.

Con fe y con los ojos abiertos, caminemos juntos mediante acciones pacíficas para derribar los muros del odio y la injusticia.

Todos estamos llamados a unirnos a aquel que no vino para ser servido, sino para servir; cuyo propósito en la vida no fue la autopromoción, sino vaciarse de sí mismo por los demás.

Este Tiempo Ordinario nos invita a reconocer la santidad que nos rodea: en las caras de nuestros hijos jugando a la orilla del agua, al caminar con nuestros amigos por el Paso del Cañón, o al celebrar la vida y la trayectoria de un ser querido fallecido.

Nosotros, los católicos, consideramos la Fiesta de ayer, Pentecostés, como el «nacimiento» de la Iglesia; por ello, hoy (Memoria de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia), la «maternidad» de María no es pura devoción, sino una dimensión real de la vida de la Iglesia.

En nuestro calendario litúrgico, la Solemnidad de hoy recibe el mismo grado de importancia que la Navidad y la Pascua. Tan significativo es este día que, de hecho, se nos ofrece una variedad de opciones de lecturas y oraciones litúrgicas para esta Solemnidad.

Que no nos preocupemos por la relación de los demás con Dios ni por las bendiciones que hayan podido recibir. En cambio, preocupémonos por seguir a Jesús, para que la Buena Nueva continúe siendo proclamada.

Hoy, Cristo nos pregunta también a nosotros: “¿Me amas?”. Y la respuesta no se queda en palabras… se encarna en una vida ofrecida.

Jesús ora para que nos unamos como uno solo y no vivamos como individuos aislados. Jesús nos ve como personas creadas, únicas, valiosas e iguales, creadas a imagen y semejanza de Dios.