
Escritura Diaria, 3 de Mayo de 2026
Jesús es nuestro «hogar» y el centro de nuestro mundo de identidad personal, pertenencia y vida auténtica.
Haz una pausa, ora y reflexiona con ideas inspiradas en el carisma pasionista.

Jesús es nuestro «hogar» y el centro de nuestro mundo de identidad personal, pertenencia y vida auténtica.

Al igual que San Pablo y San Atanasio, podemos confiar en que Dios nos fortalecerá con el don espiritual de la Fortaleza cuando el discipulado no sea fácil y enfrentemos resistencia, ya sea en nosotros mismos o por parte de otros. ¡Y así, oramos por este don!

La dignidad no se gana mediante el esfuerzo o los logros; se recibe como un don de Dios. El trabajo viene después, como una participación en la creación continua de Dios, y no como la fuente de nuestro valor.

Jesús explica que nadie que sirve es mayor que aquel a quien se sirve, o que ningún mensajero es mayor que quien envía el mensaje.

Así como los Apóstoles fueron comisionados para ser luz y llevar el mensaje del Evangelio al mundo, nosotros somos llamados, a través de nuestro Bautismo, a ser luz y la presencia de Cristo para los demás.

Y como la mano del Señor estaba con ellos, muchos se convirtieron y abrazaron la fe.

Hoy se nos invita a profundizar nuestra comprensión del Corazón del Divino Pastor y, al mismo tiempo, se nos desafía a tener un corazón semejante al del Divino Pastor.

Jesús vino para dar vida nueva en abundancia. Somos totalmente suyos y, a medida que sigamos reconociendo su voz, podamos seguirlo hacia nuestro hogar celestial.

En nuestra primera lectura, San Pedro exclama con fuerza: «Que en su trato mutuo la humildad esté siempre presente».

Aquello que percibimos como oscuridad y confusión podría ser lo que el Señor está permitiendo para prepararnos a recibir la ayuda que necesitamos para el importante camino que Él ha planeado.