
Escritura Diaria, 21 de Febrero 2026
Hoy es el cuarto día de Cuaresma. ¿Tienes tú y tengo yo un plan de crecimiento espiritual para esta Cuaresma? Podemos hacernos presentes en esta Cuaresma y ser testigos. ¿Cómo?
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Hoy es el cuarto día de Cuaresma. ¿Tienes tú y tengo yo un plan de crecimiento espiritual para esta Cuaresma? Podemos hacernos presentes en esta Cuaresma y ser testigos. ¿Cómo?

En un mundo acelerado, la Cuaresma nos invita a desacelerar y a abrir nuestros corazones. Te invitamos a comenzar el camino cuaresmal con esta reflexión sobre la Cruz y descubre cómo el amor de Cristo nos espera allí.

El ayuno que Dios quiere no reduce tu cintura; reduce la distancia entre tú y la persona a la que has estado evitando al cruzar la calle.

La Cuaresma no es algo que se observa desde lejos, sino un camino en el que caminamos juntos hacia la Cruz y la promesa de una vida nueva. Comencemos con una reflexión sincera: detenernos para reconocer nuestra situación hoy, y cómo las Cuaresmas pasadas nos han formado respecto al crecimiento, la lucha, la compañía y la gracia.

Somos invitados —incluso enviados— a seguir eligiendo la voluntad de Dios por encima de todo.

P. David Colhour, CP, reflexiona sobre el Miércoles de Ceniza y la Cuaresma–camino sagrado hacia la cruz de Cristo marcado por la sinceridad, la transformación y la gracia.

La Cuaresma no es solo una temporada de prácticas religiosas externas, sino un tiempo sagrado para renovar nuestro corazón.

“Dime qué es lo que amas y te diré en qué te convertirás”. En el fondo, todo es bastante sencillo.

El cristianismo no afirma que el sufrimiento sea bueno, pero sí enseña que podemos hacer que nuestro sufrimiento sea fecundo para el bien.

Si nuestra manera de percibir al “otro” nos está llevando a pecar, debemos desecharla, por más apegados que estemos a ella, y escuchar lo que Jesús nos dice.